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Megafauna. Así es, los grandes pelágicos son el principal atractivo del buceo en la Polinesia Francesa. La experiencia de bucear a través de alguno de los Pasos de un atolón de coral propulsado solamente por la corriente que fluye en medio un inmenso canal azul repleto de mantas, delfines y tiburones es simplemente inolvidable.
Un atolón es una formación coralina que crece a lo largo de cientos o miles de años alrededor de un cráter volcánico que sobresale de la superficie del mar. Cuando el volcán termina su fase activa, la erosión actúa sobre él y con el paso de los años y gracias a movimientos constantes de la tierra se termina hundiendo lentamente. Durante la fase del hundimiento los corales y otros organismos del ecosistema se establecen alrededor de este volcán y construyen un arrecife. Al final, el volcán desaparece por completo bajo las aguas y deja en la superficie un gran anillo de coral que encierra una laguna que es alimentada por grandes cantidades de agua que discurren a través de amplios canales, conocidos como pasos, permitiendo que las aguas del mar abierto ingresen y recirculen, a través de los cambios de mareas, la laguna central.
En Polinesia se cuentan por decenas la cantidad de atolones existentes, especialmente en el Archipiélago de Las Tuamotus. Bucear en un atolón no es algo que se pueda comparar fácilmente con otras experiencias de buceo. Atolones tan grandes como Rangiroa, el segundo más grande del mundo, llegan a medir hasta 70 kms. de largo por 25 kms. de ancho.
El buceo en este tipo de condiciones obliga al buzo a efectuar las inmersiones sólo cuando la corriente ingresa a la laguna, de otra forma se corre el peligro de ser fácilmente arrastrado hacia alta mar. Por ejemplo, en el atolón de Fakarava, las inmersiones se realizan principalmente en el Paso Garuae, una enorme abertura de más de 1,600 metros de longitud que genera corrientes tan fuertes que hacen sentir al buzo completamente indefenso y le dejan como única alternativa dejarse arrastrar por la corriente a través del paso. Lo espectacular en este tipo de inmersiones se encuentra justamente en el centro del paso en donde el buzo tendrá un encuentro frontal con mantas, delfines, barracudas y docenas (a veces cientos) de tiburones que se congregan en búsqueda de alimento. Estos grandes animales se mantienen firmes nadando contra la corriente, a unos 25 o 30 metros de profundidad, esperando por sus presas.
Sin duda este tipo de inmersiones imponen retos muy particulares al fotógrafo submarino. El sólo hecho de ingresar con el equipo fotográfico en alguna de las grietas que se encuentran al fondo de estos pasos para resguardarse de la corriente y fotografiar a estos enormes animales requiere de un excelente control del equipo de buceo, de la flotabilidad y por supuesto de los límites permitidos para el buceo a profundidad. Es muy fácil concentrase en la búsqueda de las mejores tomas y olvidar que lamentablemente tenemos sólo unos pocos minutos para permanecer en este paraíso submarino.
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